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Quien me conoce bien os podrá decir hasta qué punto soy fan de las Redes Sociales. Os podrá confirmar cómo han cambiado mi visión de la comunicación publicitaria y las relaciones personales y profesionales. Pero llegado este momento, creo que merece la pena sentarse un rato encima del móvil para amortiguar el soniquete de los retuits y reflexionar.

La pregunta es: ¿Cuál es la unidad de medida de la creatividad?

Así, a traición. A puro calzón quitado.

No lo podemos negar. Es evidente que los creativos, como cualquier otro profesional, vivimos de nuestros resultados. Pero, sinceramente, me niego a creer que esa sea la única unidad de medida aceptada universalmente para valorar el trabajo de un montón de gente cuyo trabajo está y siempre va a estar en la picota.

Podremos pagar la hipoteca (que la tenemos) o vivir más desahogadamente si nuestras campañas o propuestas funcionan. Pero si dejan de hacerlo, hay cosas de las que no nos podrán desahuciar.

Nuestro talento, el respeto profesional y el reconocimiento del trabajo bien hecho, sin ir más lejos.

Y no creo que estos 3 baremos bajo los que es posible ponderar la trayectoria de un profesional de la creatividad puedan medirse exclusivamente a través de un extraño algoritmo que interrelacione el número de visionados en Youtube, el número de likes en Facebook o el número de Favs y RT en Twitter.

Creo que, más allá de los resultados que obtenemos y (seguramente también) mucho más allá de los premios, existen otros criterios a la hora de valorar el trabajo de un copywriter o un director de arte. Criterios quizá solo los que hemos pasado una noche entera persiguiendo un titular o buscando la tipografía perfecta conocemos, respetamos y podemos ser capaces de valorar. 

 

 

 

 

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¿Matarías por ganarte la vida conceptualizando y escribiendo publicidad?

El martes 11 de diciembre en Espacio Camon Madrid, Plaza de Moncloa, 1 (acceso por Princesa)  imparto una conferencia en la que os hablaré de esa profesión que me lleva matando dulcemente los últimos 15 años y de la que tanto me gusta conversar.
Bajo el título “Para qué sirve un Copywriter”, hablaremos de creativos, copies, copywriters, redactores publicitarios, redactores de contenidos y de la metamorfósis que ha sufrido nuestra profesión en los últimos años.

¡Tal ha sido la catársis en nuestro oficio que nos han incluido en un ciclo de Nuevas Profesiones!

De hecho, creo que con razón. Porque SEO, el impacto de los Social Media en el marketing digital y el comportamiento de los nuevos consumidores han derribado algunos de los tótems de los que aprendimos a trabajar creativamente hace más de una decada.

Por el contrario, la obsesión por las buenas ideas y los mensajes capaces de conmover siguen más vigentes que nunca. Así que si os apetece el martes 11 de diciembre, a partir de las 18:00 y hasta las 20:00 por allí estaremos. Aquí tenéis la información de la ponencia y el formulario para apuntaros.

Por cierto os adelanto que le hashtag que emplearemos los días antes y durante la sesión será #soycopywriter

¿Nos vemos allí?


Imagen de Obiousgeek

Llevo años haciéndome esta pregunta.

(Y permitid que me tome la libertad de interpretar el super-controvertido término friki como “aspecto y actitud inusuales que podrían llamar la atención”, tal y como recoge Wikipedia)

Supongo que hoy se me ha ocurrido hacerla explícita en un post, pero es una pregunta que en algún momento debes hacerte cuando, después de terminar Empresariales en la Complu, acabas convirtiéndote en creativo de marketing directo y publicidad y vas enfrikiciéndote, hasta convertirte en un adicto a Star Wars, Twitter, las zapas de colores y otros elementos tan paradigmáticos de la gente de mi profesión.

Yo antes no era así. Os lo juro.

Por eso, me ha dado por reflexionar sobre el papel que ese punto friki-exhibicionista tiene en el trabajo, relaciones y vestimenta de los creativos publicitarios y sus posibles repercusiones en nuestro éxito profesional.

¿Nuestro aspecto y actitud creativa forma parte del proceso de venta?

He visto gente con ideas brillantes que no salían adelante porque el tío o la tía no tenía pinta de creativo. Igual no en todos los mercados/países funciona así, pero si tengo que basarme en mi experiencia de los últimos años trabajando en agencias y en presentaciones/reuniones con los clientes tengo que decir que es un elemento que influye en la compra/venta de ideas.

Seguro que no es la variable más imporante. También influyen, sin duda, la capacidad de vender ideas de la persona que está contando la idea/campaña, la oratoria y la calidad de la idea, por supuesto; pero creo que no podemos dejar fuera del Kit de venta de un creativo el aspecto o actitud.

En alguna agencia grande en la que trabajé hace alguno años esto iba aún más lejos. No se compraban las campañas, se compraban las personas. La expresión habitual era “tal cliente no ha comprado a tal persona” (ya fuera creativa o de cuentas) y creo que, finalmente esta etiqueta refleja bastante fielmente la realidad.

¿Nos esperamos la misma idea publicitaria brillante de alguien vestido muy formalmente que de alguien más casual que proyecta cierta imagen friki o nerd?

Mi conclusión después de todos estos años es que ese componente friki forma parte del circo en el que nos movemos. Y eso a su vez, probablemente genere estereotipos o tópicos sobre los creativos publicitarios que nos alejan de una visión más profesional o de oficio de la publicidad. Y eso, honestamente, no me parece especialmente positivo.
Ser friki mola un huevo, la verdad. Pero, no dejo de preguntarme si he llegado hasta aquí por mi propio pie o algo me ha empujado a hacerlo.