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unidad_de_medida_de_la_creatividad

 

Quien me conoce bien os podrá decir hasta qué punto soy fan de las Redes Sociales. Os podrá confirmar cómo han cambiado mi visión de la comunicación publicitaria y las relaciones personales y profesionales. Pero llegado este momento, creo que merece la pena sentarse un rato encima del móvil para amortiguar el soniquete de los retuits y reflexionar.

La pregunta es: ¿Cuál es la unidad de medida de la creatividad?

Así, a traición. A puro calzón quitado.

No lo podemos negar. Es evidente que los creativos, como cualquier otro profesional, vivimos de nuestros resultados. Pero, sinceramente, me niego a creer que esa sea la única unidad de medida aceptada universalmente para valorar el trabajo de un montón de gente cuyo trabajo está y siempre va a estar en la picota.

Podremos pagar la hipoteca (que la tenemos) o vivir más desahogadamente si nuestras campañas o propuestas funcionan. Pero si dejan de hacerlo, hay cosas de las que no nos podrán desahuciar.

Nuestro talento, el respeto profesional y el reconocimiento del trabajo bien hecho, sin ir más lejos.

Y no creo que estos 3 baremos bajo los que es posible ponderar la trayectoria de un profesional de la creatividad puedan medirse exclusivamente a través de un extraño algoritmo que interrelacione el número de visionados en Youtube, el número de likes en Facebook o el número de Favs y RT en Twitter.

Creo que, más allá de los resultados que obtenemos y (seguramente también) mucho más allá de los premios, existen otros criterios a la hora de valorar el trabajo de un copywriter o un director de arte. Criterios quizá solo los que hemos pasado una noche entera persiguiendo un titular o buscando la tipografía perfecta conocemos, respetamos y podemos ser capaces de valorar. 

 

 

 

 

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Me debía este post.

octubre 15, 2013 — 2 comentarios

Hoy ha sido un día un tanto especial para este blog. Hacia mucho tiempo que no recibía tantas visitas y eso, lamentablemente, siempre hace que pierdas un poco el feeling con tu prosa y, en parte también, la confianza en tu trabajo o tu capacidad para comunicarte e interesar a la gente que te interesa.

Por eso, hoy más que nunca gracias por estar ahí.

Lo cierto es que repasando el blog me he dado cuenta de que hay post ( algunos importados de mi cuenta previa en Blogger ) de 2009! En un principio mi bitácora fue un contenedor donde poder mostrar ( pero también poder contar, soy copywriter ) mis trabajos en distintas agencias y proyectos. Pero a partir de 2010 y con mi aterrizaje en wordpress se convirtió en un cuaderno de viaje creativo donde me sentía completamente libre para compartir opiniones e ideas muy personales sobre este oficio que tanto me ha dado: la publicidad.

Que uno hable mucho o escriba mucho en el trabajo ( como copy ) no quiere decir que sea escuchado. Por eso, estos últimos 4 años ha sido una gozada poder contar con la lectura, difusión y participación no solo de profesionales del mi generación y posteriores. Sino de los que para mí son aún más importantes: la gente que viene.

Me debía este post como un pequeño homenaje al esfuerzo a veces callado de estos años. Casi 150 post que me pienso releer y disfrutar con vosotros redescubriendo en mis propias palabras y en las vuestras lo que me trajo hasta aquí: la ilusión de poderme decir a mí mismo: Tengo un trabajo, SOY CREATIVO.

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Off es el nuevo On.

abril 17, 2013 — 4 comentarios

¿No os pasa que últimamente parece que vuelve lo offline? ¿No empezáis a encontraros a gente con talento que lleva décadas en digital y que suspira por un cartel, una pieza física o un killier direct mail que a veces se echan de menos?

Igual es algo de morriña creativa a ese ritmo al que se hacían las cosas en off. Pero, dado que ahora lo digital se está masificando creativamente, quizá es el momento de volver a dejarse caer por derroteros más tangibles.

Donde lo digital a veces es atropellado y automatizado, lo físico recupera esa clave artesanal y de oficio que nuestra profesion como creativos publicitarios, diseñadores, fotógrafos o storytellers nunca debió perder.

Estos carteles para Dulux Colors Awards de Josip Kelava que recogen famosos colores de otras épocas e interpelan al Otro a sumar sus propios pigmentos a la Historia,  podrían servir para ilustrar la idea de este post.

¿No os pasa que os empieza a molar off otra vez?

Yo os tengo que confesar que a mí, un poquito, …

Sí.

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Carteles concurso

 

 

My father is a copywriter

noviembre 8, 2012 — 6 comentarios

My father is a copywriter

Probablemente nadie entienda en el colegio de Emma qué hace exactamente un copywriter.
Igual les suena algo más “creativo”, “creativo publicitario”, o tengan una imagen del tipo “señores y señoras que se inventan los anuncios de la tele y visten con ropa de teenager aunque estén a punto de cumplir los 40″.

En cualquier caso, lo que me hace sentir superorgulloso es que nuestro trabajo, mejor dicho nuestro oficio esté ahí, en los enunciados de la clase de inglés de tercero de primaria. Junto a un “my father is a fireman”, “my mother is a doctor” o “my father is a lawyer”.

Eso. Es muy grande.

El Juramento Creativo.

septiembre 24, 2012 — 4 comentarios

Juro defender la creatividad hasta mi último aliento :) Prometo cumplir, en la medida de mis capacidades y de mi juicio, este pacto.

1º.- Respetaré los logros creativos que con tanto esfuerzo han conseguido los copywriters y directores de artes sobre cuyos pasos camino.

2.- Compartiré gustoso ese conocimiento con aquellos que vengan detrás (y para ello emplearé cualquier platataforma social que me lo permita: Twitter, Pinterest, Fancy, Tumblr, Facebook, Linkedin, mi blog…)

3.- Aplicaré todas las medidas necesarias para el beneficio de mis clientes, buscando el equilibrio entre las trampas del sobretratamiento creativo y la autocomplaciencia del marketing.

4.- Recordaré que la creatividad no sólo es ciencia, sino también arte. Y  que la calidez humana, la empatía y la comprensión pueden ser más valiosas que los tratamientos marketinianos al uso.

5.- No me avergonzaré de decir «no lo sé», ni dudaré en consultar a mis colegas de profesión cuando sean necesarias las habilidades de otro para mejorar una idea previa o garantizar mejores resultados para mis campañas de publicidad y acciones de marketing.

6.- Respetaré la privacidad de mis clientes, pues no me confían sus problemas para que yo los desvele.

7.- Debo tener especial cuidado en los asuntos sobre la vida y la muerte de una IDEA.  Si tengo la oportunidad de salvar una de ellas, me sentiré agradecido. Pero es también posible que esté en mi mano asistir a una IDEA que no verá la luz; debo enfrentarme a esta enorme responsabilidad con gran humildad y conciencia de mi propia fragilidad.

8.- Por encima de todo, no debo jugar a ser Dios. Recordaré que no trato un titular enfermo o un lay out anodino, sino una IDEA cuya salud puede afectar a mi cliente  y a su estabilidad económica.

9.- Si voy a cuidar de manera adecuada cada una de mis IDEAS, intentaré prevenir el tedio y la apatía creativa siempre que pueda. Pues la prevención es preferible a la curación.

10.- Recordaré que soy un miembro de la sociedad con obligaciones especiales hacia mis congéneres, los creativos y también hacia los que no lo son.

11.- Si no violo este juramento, pueda yo disfrutar de la vida y del arte, ser respetado mientras viva y recordado con afecto después. Actúe yo siempre para conservar las mejores tradiciones de mi profesión, y ojalá pueda experimentar la dicha de hacer que una IDEA moribunda o frágil se convierta en un Campañón.

Por mi propio bien y el de la marca para la cual trabajo.

Basado en el Juramento Hipocrático según la traducción al español de la versión
redactada en 1964 por el Doctor Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina
 de la Universidad de Tufts.

Imagen de Obiousgeek

Llevo años haciéndome esta pregunta.

(Y permitid que me tome la libertad de interpretar el super-controvertido término friki como “aspecto y actitud inusuales que podrían llamar la atención”, tal y como recoge Wikipedia)

Supongo que hoy se me ha ocurrido hacerla explícita en un post, pero es una pregunta que en algún momento debes hacerte cuando, después de terminar Empresariales en la Complu, acabas convirtiéndote en creativo de marketing directo y publicidad y vas enfrikiciéndote, hasta convertirte en un adicto a Star Wars, Twitter, las zapas de colores y otros elementos tan paradigmáticos de la gente de mi profesión.

Yo antes no era así. Os lo juro.

Por eso, me ha dado por reflexionar sobre el papel que ese punto friki-exhibicionista tiene en el trabajo, relaciones y vestimenta de los creativos publicitarios y sus posibles repercusiones en nuestro éxito profesional.

¿Nuestro aspecto y actitud creativa forma parte del proceso de venta?

He visto gente con ideas brillantes que no salían adelante porque el tío o la tía no tenía pinta de creativo. Igual no en todos los mercados/países funciona así, pero si tengo que basarme en mi experiencia de los últimos años trabajando en agencias y en presentaciones/reuniones con los clientes tengo que decir que es un elemento que influye en la compra/venta de ideas.

Seguro que no es la variable más imporante. También influyen, sin duda, la capacidad de vender ideas de la persona que está contando la idea/campaña, la oratoria y la calidad de la idea, por supuesto; pero creo que no podemos dejar fuera del Kit de venta de un creativo el aspecto o actitud.

En alguna agencia grande en la que trabajé hace alguno años esto iba aún más lejos. No se compraban las campañas, se compraban las personas. La expresión habitual era “tal cliente no ha comprado a tal persona” (ya fuera creativa o de cuentas) y creo que, finalmente esta etiqueta refleja bastante fielmente la realidad.

¿Nos esperamos la misma idea publicitaria brillante de alguien vestido muy formalmente que de alguien más casual que proyecta cierta imagen friki o nerd?

Mi conclusión después de todos estos años es que ese componente friki forma parte del circo en el que nos movemos. Y eso a su vez, probablemente genere estereotipos o tópicos sobre los creativos publicitarios que nos alejan de una visión más profesional o de oficio de la publicidad. Y eso, honestamente, no me parece especialmente positivo.
Ser friki mola un huevo, la verdad. Pero, no dejo de preguntarme si he llegado hasta aquí por mi propio pie o algo me ha empujado a hacerlo.


Foto de tursimocastillalamancha.com

Mi abuelo Miguel era guarnicionero.

Recuerdo las tardes de otoño que pasé en su taller de la calle Santísima Trinidad del barrio de Chamberí, rodeado de un fuerte olor a cuero, monturas artesanales y un montón de tacos que mi abuelo espetaba para calificarlo todo.

El “son unos cabrones”, el “está mal que yo lo diga pero que se jodan” y otros improperios varios que me marcaron y heredé como el gusto por ese trabajo artesanal que hacía en su taller. Todas esas herramientas cuyo nombre nunca memoricé y ese sinsabor de no haber aprendido a trabajar el cuero con él: a fabricar monederos con mis manos, a dar forma a maletines color ocre como el que me regaló  cuando tenía 5 años, a empaparme de ese saber hacer que me tenía tan admirado.

Quizá esa espinita de no haber aprendido el oficio de mi abuelo mientras lo tuve conmigo me hace reflexionar sobre la profesión a la que decidí dedicarme: la publicidad. Quizá me hace ser reflexivo y crítico.

Igual no compartís la reflexión conmigo, pero creo que en los últimos años nuestra profesión se va deteriorando cada vez más. Honestamente, considero que estamos perdiendo lo más valioso que tenemos: esa vertiente técnica que cada uno de los perfiles de agencia tenemos (copywriter, director de arte, planner, ejecutivo de cuentas, planificador de medios… ) y que otorgaba valor a cada uno de los procesos de agencia y a nuestra labor profesional específica.

Ahora, parece que todos pudiéramos hacer todo. Y creo que no es así.

Creo que esto tiene más que ver con la parte expuesta de la publicidad. Porque, tengo la sensación de que en las áreas relacionadas con la producción (sea digital, gráfica o audiovisual) se siguen respetando bastante los conocimientos técnicos y específicos de sus profesionales.

Un síntoma que confirma lo que os estoy contando son esas ofertas que ya se han convertido en habituales en sitios como Domestika en plan “Buscamos copy que domine el photoshop y tenga conocimientos básicos en html” o “Buscamos Ejecutivo de cuentas-Diseñador” Supongo que no tardaremos en encontrar ofertas del tipo “Se busca Presidente junior para agencia multinacional que cree las campañas (arte y copywriting), dirija un equipo unipersonal, gestione una gran cuenta, limpie la oficina y tire la basura (con todos los respetos para cualquier puesto de trabajo, no me parece de recibo)

¿Qué nos está pasando?

Evidentemente somos empresas de servicios. Eso no puedo negarlo. Pero en el momento en que dejamos de defender los conocimientos técnicos que cada fase del proceso implica, perdemos totalmente nuestra razón de ser. Obvio, un cliente está pagando por un servicio al que debemos dar respuesta, pero en realidad está pagando por más que eso, y a veces está pagando mucho por ello.

Así que creo que nos deberíamos poner más a menudo en valor lo que aportan los perfiles profesionales en las agencias. Por repasar, un poco:

Un copywriter es un perfil creativo con conocimientos técnicos específicos y talento demostrado para conceptualizar y redactar textos argumentativos, textos creativos y generar de stoytelling. Skills como dicen los anglosajones que, en función del perfil específico, seguro completa con conocimientos de otras áreas adicionales que enriquecen su perfil pero no le desvían de su actividad principal.

– Un director de arte es un perfil creativo con conocimientos visuales muy avanzados en términos cromáticos, de diseño gráfico, de fotografía, ilustración… Lo inherente a su perfil no es saber utilizar Photoshop o Ilustrator, es otra cosa. Es la persona que plantea y dirige todo el componente estético de una pieza publicitaria en sus distintos formatos y soportes. Por eso, deberíamos parar un momento antes de juzgar los motivos que han llevado a un director de arte a elegir una imagen, una tipografía, un color o un elemento gráfico.

Un ejecutivo de cuentas es un perfil profesional de agencia cuyo trabajo va más allá de atender las necesidades del cliente, independiente de la hora del día o de la noche en el que se le haya roto una tripa. Me agota ver el uso y abuso que en ocasiones se hace de los ejecutivos de cuentas. Seamos profesionales, por favor. Los ejecutivos de cuentas son los encargados, a pie de campo, de hacer que una estrategia de comunicación y sus aplicaciones tácticas salgan adelante y tengan éxito. Tienen conocimientos técnicos para poder aportar, orientar y asesorar al cliente que, lamentablemente en demasiadas ocasiones no escucha porque tiene todo meridianamente claro.

Así, podríamos seguir con otros perfiles como el planner, el director creativo, social media strategistpero me extendería demasiado y preferiría hacer un alto aquí para reflexionar sobre la situación a la que se tiene que enfrentar hoy la gente joven en cualquier de estos 3 puestos, haciendo un paralelismo con el ya casi perdido modelo de aprendizaje y formación profesional de los viejos talleres de guarnicionería, orfebrería o tejiendo alfombras.

Creo que las agencias de publicidad no estamos tan lejos de ellos.

Volviendo al modelo maestro-aprendiz

Mi conclusión después de todo esto, es que quizá deberíamos volver al modelo maestro-aprendiz. Yo ya soy viejuno. Llevo muchos años en este oficio y una de las cosas que peor llevo es ver gente joven con mucho talento y ganas que está aprendiendo mal esta profesión.

Aunque hoy las cosas estén como están (con la que está cayendo) tenemos la obligación de inculcarles la parte de oficio de la publicidad que creo que casi todos los de nuestra quinta tuvimos la suerte de aprender.

Se está perdiendo el respeto profesional en distintos ámbitos y estamos entrando en una cultura de lo quiero ya, del “sí o sí” y estamos pasando de ofrecer un servicio a convertirnos en serviciales. No soy ingenuo y, si soy capaz de escribir esto, es porque soy consciente de lo difícil que es. Pero creo que se lo debemos a la gente joven y nos lo debemos.

La única forma de recuperar nuestro oficio y hacer que la gente joven entienda el valor real de cada cosa que aprende, de cada pequeña técnica que dominan es ponerlo en valor y que quien tiene que juzgarlo (finalmente el cliente) lo entienda y lo respete.

Y creo que eso nos salpica y nos implica a todos.

A la gente que empieza que creo que debe tener la humildad del aprendiz que empieza con unos conocimientos técnicos que tiene que madurar poniendo en práctica en el mundo profesional real.

Y a los que llevamos unos cuanto años en el taller-agencia que debemos conservar intactas las ganas de seguir peleando por hacer un gran trabajo, un gran trabajo en el que esté incluido nuestro compromiso por transmitir nuestros conocimientos y experiencias (esas tablas) a la gente que está empezando.

Ojalá nunca perdamos nuestro oficio. Porque, hoy,  es muy difícil encontrar un taller de guarnicionero.